El epistolario de Manuela y Simón: Un manual de sensaciones

Texto y selección por Oleski Miranda 

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Aunque se han escrito muchos libros sobre la obra y figura de  Simón Bolívar,  pocos son los que tratan  su tempestuoso amor con la que fuera llamada La Libertadora del Libertador: Manuela Sáenz. Un variado número de cartas y documentos  dan fe de lo que fue una relación intensa e impetuosa. El epistolario entre Simón y Manuela además de desbordado y ardoroso,  es  honesto y hasta tierno. Bolívar al  mismo tiempo que  luchaba por la liberación de los pueblos de Suramérica, se nutría del incondicional amor que  Manuelita Sáenz le brindaba. Si bien la historia muestra a Bolívar a través de  una prosa elegante y  centrada,  las palabras que él y Sáenz  intercambiaran  a lo largo de los años, lo develan más suelto y  vulnerable.  Allí se muestra a un hombre rebozado en sentimientos que no se detiene al expresar su pasional sentir. Por su parte Manuela, o “la amable loca” no se queda atrás al mostrar una potente escritura donde no hay sentimientos inefables.  En las cartas se nota la lucha que ambos libraban,  una batalla mancillada por  la lejanía. Hay desde reproches y desencuentros por el amor no correspondido, hasta exigencias para que Manuela use solo  un velo azul transparente en la intimad. Es un dialogo descarnado envuelto en gracia, por ejemplo en una carta  del 16 de Abril de 1826, Bolívar le notifica a Manuela que se está  preparando con ejercicios, no sólo para continuar su lucha emancipadora sino también para su próximo encuentro con ella:

Adorada Manuelita

Mis ejercicios empezarán al despuntar el alba y mi dedicación será la correspondencia, en la que tú no serás excluida bajo pretexto de mi condición. ¡No! Por el contrario, tu imagen absorbe mis pensamientos en la cálida hermosura de tus recuerdos, que me hacen sufrir tanto. Vital es que no me olvide de ti, pues atesoro mil esfuerzos por conseguir tales disciplinas en el intento de encontrarme más activo para cuando tu y yo estemos juntos.

Siempre Tuyo

Simón Bolívar

No se trata de esbozar una forma de  sensacionalismo histórico, más bien se trata de develar al sujeto de la historia desde su condición más humana.  Hace algunos años atrás, tuve la oportunidad de dictar unas clases sobre  pensamiento bolivariano en un instituto universitario al oeste de Venezuela. Aunque se trataba de un curso  electivo  la mayoría de los estudiantes estaban allí por no tener otra opción.  Esas clases estaban dirigidas a estudiantes de administración y contabilidad. De antemano sabía que a muchos de ellos  no les  interesaba la materia, sólo querían sortear el curso que les había tocado. Al tantear distintas estrategias para captar la atención de los estudiantes, la que mejor resultados arrojó  fue la  lectura de  una carta escrita por Sáenz.  Leímos  un documento dirigido al “pueblo colombiano de hoy”, en donde encara a la sociedad de la época por su condición de mujer y por ser la  amante incondicional de Bolívar.

A  partir de allí leímos mucha de la correspondencia entre Manuela y el Libertador,  los diarios de Sáenz  y otros documentos. A través de la   pasión y fuerza de sus palabras, los estudiantes descubrieron a una mujer desenfrenada, indoblegable y más que nada  incisiva  ante  los códigos morales de su tiempo. Esto llamó la atención de los alumnos los cuales eran  en su mayoría mujeres. A pesar de que Manuela ha sido execrada por cierta historiografía reaccionaria, hoy en día se le reconoce no sólo por ser la amante de Bolívar,  sino también por su destacado rol  en la lucha emancipadora, enmarcado en su lealtad a los ideales y causa del Libertador.

Una amiga profesora me comentaba hace poco que la historia descarnada no conecta. En parte pareciera que la  glorificación que las historias oficiales terminan forjando, hace que se obvien aspectos humanos de esos seres excepcionales que han cambiado el rumbo de los pueblos. Que Manuela era casada, es verdad. Pero además de amante infiel fue una patriota clara en sus ideas, que arriesgó muchas veces su vida por el sueño de Bolívar. Entonces, ¿por qué no humanizar más la historia? Si  tanta sequedad, tanto personaje descollante no despierta el mayor de los intereses. Los fragmentos y notas que siguen son parte de ese intercambio epistolar que por varios años, y hasta la temprana muerte de Bolívar, llevaran a cabo Sáenz y el Libertador. En esta  pequeña muestra, se hace énfasis en extractos donde resaltan sentimientos  como la agonía, la pasión, la nostalgia y el amor.  Aunque hayan pasado casi  doscientos años, mucho de lo que se dice en estas cartas pudieran muy bien ser las palabras de dos amantes de este siglo. No hay que sorprenderse entonces con esa compleja revolución de sentimientos, que a pesar de los velos, también  son claros impulsadores de   las grandes historias.

Cuartel General en Guaranda a 3 de julio de 1822

A la distinguida dama, Sra. Manuela Sáenz

Apreciada Manuelita:

No esquivo tus llamados, que me son caros a mis deseos y a mi pasión. Sólo reflexiono y te doy un tiempo a ti, pues tus palabras me obligan a regresar a ti; porque sé que esta es mi época de amarte y de amarnos mutuamente.

Qué debo brindarte: ¿un encuentro vivo acaso? Permíteme estar seguro de mí, de ti y verás querida amiga quién es Bolívar al que tú admiras. No podría mentirte.

¡Nunca miento! Que es loca mi pasión por ti, lo sabes.

Dame tiempo.

Bolívar

El Garzal, a 28 de julio de 1822

General Simón Bolívar

Muy señor mío:

Aquí estoy yo, ¡esperándole! No me niegue su presencia de usted. Sabe que me dejó en delirio y no va a irse sin verme y sin hablar… con su amiga, que lo es loca y desesperadamente.

Manuela

Quito, a diciembre 30 de 1822

A.S.E. El Libertador Simón Bolívar Señor mío:

Yo agradezco a usted por el interés que toma sobre mi persona, porque usted bien sabe de mi presencia en cuerpo y alma a su lado.

Considéreme, usted su amor loco y desesperado por unirme hasta la gloria de su ser; supongo que se halla usted en igual condición como lo está la más fiel de sus amigas, que es:

Manuela

Cuartel General Pasto, a 30 de enero de 1823

Mí adorada Manuelita:

Manuela bella, Manuela mía, hoy mismo dejo todo y voy, cual centella que traspasa el universo, a encontrarme con la más dulce y tierna mujercita que colma mis pasiones con el ansia infinita de gozarte aquí y ahora, sin que importen las distancias. ¿Cómo lo sientes, ah? ¿Verdad que también estoy loco por ti?…

Espérame, y hazlo, ataviada con ese velo azul y transparente, igual que la ninfa que cautiva al argonauta.

Bolívar

Catahuango, a febrero 12 de 1823

A Su Excelencia

General Simón Bolívar

A más de encontrarme condenada por mis parientes en Quito, la suerte al revés en mi matrimonio (siempre supe desde el principio que sería así), usted me incomoda con el comportamiento de usted, de sus sentimientos que son desprendidos de toda realidad.

¿Dice usted que me piensa, me ama, me idolatra?

¿Cree usted que este destino cruel puede ser justo? ¡No! ¡Mil veces no! ¿Quiere usted la separación por su propia determinación, o por los auspicios de lo que usted llama honor? La eternidad que nos separa sólo es la ceguera de su determinación de usted, que no lo ve más. Arránquese usted si quiere, su corazón de usted, pero el mío ¡No! Lo tengo vivo para usted, que sí lo es para mí toda mi adoración, por encima de todos los prejuicios.

Suya

Manuela

Quito, septiembre 23 de 1823

S.E. Simón Bolívar Señor:

Bien sabe usted que ninguna otra mujer que usted haya conocido, podrá deleitarlo con el fervor y la pasión que me unen a su persona, y estimula mis sentidos. Conozca usted a una verdadera mujer, leal y sin reservas.

Suya,

Manuela

 Lima, a octubre 18 de 1823

Muy señor mío:

Tiene usted mi amor verdadero, con el prendimiento de mi corazón por usted. No me calmo hasta que usted me dé su explicación de su ausencia de usted, sin que yo sepa qué se ha hecho usted. ¿Es que no ve el peligro? ¿O yo no le intereso más que ayer? Decida usted, porque yo me regreso aun sin la gloria de usted, que no vacila en hacerme sufrir.

Suya,

Manuela

Huamachuco, a 26 de mayo de 1824

General Simón Bolívar

¿He de preguntarle a usted mismo? No, porque ni siquiera piensa en mí, ni su respuesta es espontánea. Téngame un poco de amor, aunque sólo sea por lo de patriota.

Manuela

Cuartel General en Huaraz, a 9 de junio de 1824

Manuelita

Mi adorada:

Tú me hablas del orgullo que sientes de tu participación en esta campaña. Pues bien, mi amiga, ¡Reciba usted mi felicitación y al mismo tiempo mi encargo! ¿Quiere usted probar las desgracias de esta lucha? ¡Vamos! El padecimiento, la angustia, la impotencia numérica y la ausencia de pertrechos hacen del hombre más valeroso un títere de la guerra.

Bolívar

Huamachuco, 16 de junio 1824

A S.E. El Libertador Simón Bolívar

Mi querido Simón,

Mi amado:

Las condiciones adversas que se presenten en el camino de la campaña que usted piensa realizar, no intimidan mi condición de mujer. Por el contrario, yo las reto. ¡Qué piensa usted de mí! Usted siempre me ha dicho que tengo más pantalones que cualquiera de sus oficiales, ¿o no? De corazón le digo: no tendrá usted más fiel compañera que yo y no saldrá de mis labios queja alguna que lo haga arrepentirse de la decisión de aceptarme.

¿Me lleva usted? Pues allá voy. Que no es condición temeraria esta, sino de valor y de amor a la independencia (no se sienta usted celoso)

Manuela

Lima a 14 de abril de 1825

A S.E. General Simón Bolívar

Muy señor mío:

Sé que ha partido con usted mi única esperanza de felicidad. ¿Por qué, entonces, le he permitido escurrirse de mis brazos como agua que se esfuma entre los dedos? En mis pensamientos estoy más que convencida de que usted es el amante ideal, y su recuerdo me atormenta durante todo el tiempo.

Mis labores no terminan nunca, pues empieza una y no termina y ya tengo otra empezada. Confieso que estoy como embotada y no logro hacer nada. Dígame qué debo hacer, pues no atino ni una, y todo por el vacío de usted aquí.

Si usted me dijera venga, yo iría volando ¡así fuera al fin del mundo!

Su pobre y desesperada amiga,

Manuela

Ica, 20 de abril de 1825

Mi bella y buena Manuela:

Cuando tú eras mía, yo te amaba más por tu genio encantador que por tus atractivos deliciosos. Pero ahora, ya me parece que una eternidad nos separa, porque mi propia determinación, me ha puesto en el tormento de arrancarme de tu amor, y tu corazón justo nos separa de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el alma que nos daba existencia, dándonos el placer de vivir. En lo futuro, tú estarás sola aunque al lado de tu marido; yo estaré solo en medio del mundo. Sólo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo. El deber nos dice que ya no somos más culpables! No, no lo seremos más.

                                                                                                                                       Bolívar

Cuartel General Ica, a 21 de abril de 1825

Mí adorada Manuelita:

Voy acompañado, quiero decir, con la compañía de tus gratísimos recuerdos. Pienso, dentro de mis relaciones, que mucho ha de ser el trabajo que debo realizar y sé que me esperan la Grandeza y la Gloria. Sin embargo, todo se empaña en la remembranza de tu imagen vestal y hermosa, casi causante de esta lucha interna de mi corazón que se halla entre mis deberes; la disciplina, mi trabajo intelectual y el amor. No sabes, Manuela mía, cómo te ansía este corazón viejo y cansado, en el deseo ferviente de que tu presencia lo rejuvenezca y lo haga palpitar de nuevo al ritmo de como sano!

Bolívar

Cuartel General en Ica, a 26 de abril de 1825

Mí adorada Manuelita:

…soy preso de una batalla interior entre el deber y el amor; entre tu honor y la deshonra, por ser culpable de amor. Separarnos es lo que indica la cordura y la templanza, en justicia ¡Odio obedecer estas virtudes!

Soy tuyo de alma y corazón,

Bolívar

Lima, a mayo 1 de 1825

A S.E. General Simón Bolívar

Su Excelencia sabe bien cómo lo amo. Sí, ¡con locura! Usted me habla de la moral, de la sociedad. Pues, bien sabe usted que todo eso es hipócrita, sin otra ambición que dar cabida a la satisfacción de miserables seres egoístas que hay en el mundo.

Dígame usted: ¿Quién puede juzgarnos por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se unan; pero atados a convencionalismos y llenos de hipocresía. ¿Por qué S.E. y mi humilde persona no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿Debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé?

Usted, mi señor, lo pregona a cuatro vientos: «El mundo cambia, la Europa se transforma, América también»… ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian también. Yo leo fascinada sus memorias por la gloria de usted.

¿Acaso no compartimos la misma? No tolero las habladurías, que no importunan mi sueño. Sin embargo, soy una mujer decente ante el honor de saberme patriota y amante de usted.

Su querida, a fuerza de distancia,

Manuela

Lima, 27 de noviembre de 1825

Señor:

Estoy muy brava y muy enferma. Cuán cierto es que las grandes ausencias matan el amor, y aumentan las grandes pasiones. Usted, que me tendría un poco de amor, la gran separación lo acabó. Yo, que por usted tuve pasión y esta la he conservado por conservar mi reposo y mi dicha, que ella exista y existirá, mientras viva Manuela.

Manuela

Chuquisaca, a 23 de enero de 1826

General Simón Bolívar

Muy señor mío:

Mi amor, ¿qué tal el viaje? En la faltriquera le hice poner unos bocadillos, ¿los comió usted? Eran de sorpresa, de lo mucho que lo amo, para que usted piense en mí como yo lo hago con usted. Páselo bien y recuérdeme  siempre.

De su amor desesperado, para mi hombre único,

Manuela

Chuquisaca, a 17 de marzo de 1826

General Simón Bolívar

Mi amor:

Le escribo a usted diciéndole que me conteste al menos ésta. Su Manuela quiere darle el fervor de mi corazón, ¿lo recibe Ud.? Yo lo amo de verdad ¡y usted a mí no! y punto. Se fue sin que la distancia le causare el más leve remordimiento; así está de acostumbrado.

Por compasión escríbame, para renovar al menos esa amistad, que sí la creo sincera. Si antes he querido sus halagos como una dádiva de su amor por mí, hoy lo sufro por la ausencia de usted. Si ya no me necesita ¡Dígame! Y no insistiré más.

Manuela

Lima, 6 de abril de 1826

Mí querida amiga:

Mucho me complacen tus amables cartas y la expresión de tus cariños; son mi placer en medio de la ausencia. Ya digo a Sucre, que te recomiendo nuevamente, y no más. A tu mamá, que no se vaya por nada, nada, nada: mira que yo me voy a fines de éste para allá sin falta. Espérame a todo trance. ¿Has oído? ¿Has entendido??? Si no, eres una ingrata, pérfida y más aun que todo esto, eres una enemiga.

Tu amante.

Bolívar

Lima, abril 20 de 1826

Mí adorada Manuelita:

Contigo estoy dispuesto a llenarme exasperado de las satisfacciones propias del amor. Este altar de Venus vale bien trocarlo por el trajín del servicio a Marte; en el que pondré también mi más caro empeño, en la magnitud de mis esfuerzos. Espérame en el huerto de «Chuquiguada», con tu vivaz encantamiento de sorpresas.

Te amo,

Bolívar

Chuquisaca, a 17 de mayo de 1826

General Simón Bolívar

No quiero que usted se forme algún concepto de que yo le hago fuerza para que me ame, si no lo siente de verdad, ¿Qué puedo yo esperar? Usted dirá que me quejo demasiado, pero es injusto su olvido y su silencio, y tan sólo le pido de favor me permita siquiera verle con los ojos antes de marcharme.

Al único hombre de mi vida,

Suya,

Manuela

La Magdalena, Julio de 1826

Mi adorada:

Tú quieres verme, siquiera con los ojos. También yo quiero verte y reverte y tocarte y sentirte y saborearte y unirte a mí por todos los contactos. ¿A que tú no quieres tanto como yo? Pues bien, ésta es la más pura y la más cordial verdad. Aprende a amar, y no te vayas ni aun con Dios mismo.

A la mujer única, como tú me llamas a mí.

Tuyo

Bolívar

Lima, a octubre 4 de 1826

A S.E. El Libertador Simón Bolívar:

Ahora que usted se ha marchado por mi insistencia, encuentro más descaro en los que Ud. confiaba ciegamente, y quienes se atreven al vituperio de su persona sin recato ninguno. Siga usted así, y yo seré testigo de su desgracia, que no quiero.

De la mujer que lo idolatra,

Manuela

Ibarra, 6 de octubre (1826)

Mi encantadora Manuela:

¡Oh! No, a nadie amo: a nadie amaré. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo.

Bolívar

Pasto, a 13 de octubre de 1826

Mi adorada Manuela:

¿Qué diré yo si no te tengo junto a mí? ¡Hagamos juntos un propósito! ¡Qué sea a la hora del té, cuando tú te conviertas a mis pensamientos y los míos se vayan con los tuyos! ¿Te gusta? De todas maneras, esta conexión sólo tiene su triunfo en la esperanza que tengo de regresar y de confundirme con tu aliento.

Tu amante idolatrado,

Bolívar

Ibarra, 18 de octubre de 1826

Adorada y consentida Manuelita:

Tu carta del 29 de septiembre me ha arrobado el corazón. Sólo puedo responderte con la virtud de mi vejez con la cual me siento obligado a idolatrarte. Tu prueba de amor siempre me fue dada. Tú insistes en la declaración eterna de mi amor a ti. Manuela mía, ¿acaso crees que olvido tu inquisitiva mirada, cuyos ojos arrebatadores sobre el óvalo, de tu rostro avivando, lo suculento de tus labios? ¡No!

Tuyo de corazón,

Bolívar

Bogotá, marzo 26 de 1828

Adorada Manuelita:

Gracias doy a la Providencia por tenerte a ti, compañera fiel, tus consejos son consentidos por mis obligaciones, tuyos son todos mis afectos. Lo que estimas sobre los generales del Grupo «P» (Paula, Padilla, Páez) no debe incomodarte; deja para las preocupaciones de este viejo, todas tus dudas. Espero seguir recibiendo tus consideraciones, como el amante ansioso de tu presencia.

Te ama,

Bolivar

Bucaramanga, 3 de abril de 1828

Albricias

Una de tus cartas está muy tierna y me penetra de ternura; la otra me divirtió mucho por tu buen humor; y la tercera, me satisface de las injurias pasadas y no merecidas. A todo voy a contestar con una palabra más elocuente que tu Eloísa, tu modelo. Me voy para Bogotá, ya no voy a Venezuela. Tampoco pienso en pasar a Cartagena, y probablemente nos veremos muy pronto. ¿Qué tal? ¿No te gusta? Pues, amiga, así soy yo, el que te ama con toda su alma,

Bolívar

Bucaramanga, a mayo 18 de 1828

Mi adorada Manuela:

Mi fiel acompañante Lacroix toma nota minuciosa de mis descargas de ánimo, y me dice durante largas jornadas de conversación, que la patria y la historia me deben todo. En eso concuerda contigo, y me hace recordarte. Pero no solamente esta nostalgia te trae a mi mente; pues se trata del ansia con la cual mis sueños se iluminan con tu mágica sonrisa. Sí, aún añoro esos besos tuyos y tus fragancias.

Tuyo,

Bolivar

Bogotá, julio 29 de 1828

Simón, mi hombre amado:

Estoy metida en la cama por culpa de un resfrío; pero esto no disminuye mi ánimo en salvaguardar su persona de toda esa confabulación que está armando Santander.

Estoy muy preocupada, y si me baja la fiebre voy por usted, que es un desdichado de su seguridad.

Manuela

Cuartel General en Ibarra, noviembre 2 de 1829

Mi adorada

Tengo el gusto de participarte con albricias la conclusión del tratado de paz con el Perú, que fuera firmado y ratificado el 22 de Sept., pasado; para dar así, la anhelada paz a la Gran Colombia.

Te ruego prepares algo de esto, que me interesa mucho por el futuro de la Gran Colombia. Mi amor, espérame con esa ansia con que te dignas amarme.

Soy siempre tu más fiel amante, de alma y corazón.

Bolívar

(11 de mayo de 1830)

Mi amor:

Tengo el gusto de decirte que voy muy bien y lleno de pena, por tu aflicción y la mía, por nuestra separación. Amor mío, mucho te amo, pero más te amaré si tienes ahora más que nunca mucho juicio. Cuidado con lo que haces, pues si no, nos pierdes a ambos perdiéndote tú.

Soy siempre tu más fiel amante.

Bolívar

Turbaco, a 2 de octubre de 1830

Mi adorada Manuelita:

Donde te halles, allí mi alma hallará el alivio de tu presencia aunque lejana. Si no tengo a mi Manuela, ¡No tengo nada! En mí solo hay los despojos de un hombre que sólo se reanimará si tú vienes. Ven para estar juntos.

Vente, ruego.

 Tuyo,

Bolivar

Noticias sobre el Museo de la Mujer, Buenos Aires

El evento ‘Libertadoras: Un Siglo de Luchas’, organizado por el Museo de la Mujer en Buenos Aires y el equipo de nuestro proyecto, tendrá lugar el 16 de Agosto a las 18hs. Se inaugurará la Muestra histórica de los siglos XVI a XXI, se presentará el proyecto y
también habrá una obra de teatro, ‘Alicia, Pequeña Caminante’.

El Museo también va presentar una exposición titulada ‘Mujeres Conquista y Descolonización: Exposición Histórica siglo XVI a XXI’ entre el 16 de agosto y el 22 de septiembre. Las artistas invitadas son Ana Maldonado, Estela Pereda y Valeria Salum. Las curadoras son Graciela Tejero Coni y Diana Coppola.  

The event ‘Libertadoras: Un Siglo de Luchas’ , organised by the Museo de la Mujer en Buenos Aires and our project team, will take place on 16 August at 6 pm.

The museum’s ‘Muestra histórica de los siglos XVI a XXI’ will be  inaugurated, the project will be presented and later there will be a play, ‘Alicia, Pequeña Caminante’.

The Museo will also present an exhibition entitled ‘Mujeres Conquista y Descolonización: Exposición Histórica siglo XVI a XXI’ between 16 August and 22 September. The invited artists are Ana Maldonado, Estela Pereda y Valeria Salum. The curators are Graciela Tejero Coni and Diana Coppola.

 

New Blog: Behind the Scenes at the Museum

Un nuevo blog ha sido agregado a nuestra plataforma. ‘Behind the Scenes at the Museum’ (Entre Bastidores en el Museo) examina la preparación de exposiciones en el Museo de la Mujer, Buenos Aires, Argentina. Promete ser muy interesante.

A new blog has just been added to our platform. ‘Behind the Scenes at the Museum’ examines the preparation of exhibitions at the Museo de la Mujer in Buenos Aires, Argentina. It promises to be very interesting.

‘El Mechón del Libertador’ por Patricia Díaz (Reseña sobre la exhibición publicada por Prisma)

 

Hi,Hola

I am a Colombian screenwriter/writer in London and I wrote a review about VIVA LA LIBERTAD! an exhibition at the British Library in London in 2010 which I would like to share with the readers of this wonderful site.

Soy una guionista y escritora colombiana residente en Londres. El año pasado escribí una reseña sobre la exhibición VIVA LA LIBERTAD en la Biblioteca Británica que me gustaría compartir con las lectoras de esta interesante página en la web.
VIVA LA LIBERTAD!
Spanish American Independence: 1810-1860
British Library exhibition
24th May -20August 2010


El Mechón del Libertador

por Patricia Díaz

Reseña sobre la exhibición publicada por Prisma
Este verano, la Biblioteca Británica ha expuesto al público una exhibición de su colección de documentos y libros sobre los años de la independencia americana (1810-1860) titulada ¡Viva La Libertad!. La exhibición se encuentra discretamente colocada en el mezanine del primer piso y como usuaria de la biblioteca prácticamente la encontré en mi camino hacia una de las salas de lectura. Aquí, exhibidos doscientos años después, se pueden ver los originales de puño y letra de cartas circuladas entre los intelectuales y luchadores criollos y europeos que contribuyeron con sus ideas y sus vidas a la construcción de una América que realmente ofreciera un gobierno constitucional y no monárquico a sus ciudadanos y que representara una nueva sociedad formada por la diversidad y riqueza cultural de sus habitantes originales, los indígenas, y el mestizaje entre estos y los europeos y africanos recién llegados al continente.

Aquí esta la carta de Francisco de Miranda desde el calabozo en España, donde solicita mejor trato como prisionero político y sobretodo pide libros para leer, él que tuvo una de las mejores bibliotecas en Londres, aún existente en el sótano de su casa en Grafton Way. En otro gabinete se puede ver la copia del libro que enumera y describe los Derechos Humanos traducida del francés al español por el colombiano Antonio Nariño y publicada póstuma en Cartagena en 1825. Todos los originales fueron destruídos por la corona en su afán de detener la información que justificaba la lucha de los criollos.

En toda esta interesante y conmovedora información nada me preparó para lo que finalmente encontré como el detalle más interesante de toda la exhibición. La inglesa Mary English (1789-1846) habia viajado a Colombia en 1819 con su esposo el general James Towers English para tomar el cargo de comandante de la Legión Británica que Bolívar le habia asignado en su plan para la independencia de la Nueva Granada de la corona española. Desafortunadamente, el comandante murió de causas naturales a los pocos meses de su llegada y para sobrevivir, la nueva viuda tomó el cargo de representante financiera del la entidad bancaria Barclays para toda América Latina.

Por su gran pasión sobre la lucha independentista de los libertadores criollos y su apoyo a la Legión Británica, Mary English tuvo la fortuna de establecer una relación de amistad con Bolívar, como lo atestigua la notificación enviada a su casa en Santa Fe de Bogotá junto con un memento mori, un mechón del cabello del Libertador, después de su fallecimiento. Ligeramente curvado y de textura delgada y color negro, el mechón se encuentra exhibido en uno de los gabinetes y es el único pedazo sobreviviente de su dueño y de su DNA.

Seguramente Mary se conmovió al recibir el mechón y lo guardó con el cariño y la admiración que siempre sentiría por su amigo y que posiblemente evocaba cada vez que estaba en la presencia de este extraño objeto.
En las postrimerías de la era victoriana, está era una forma de preservar la memoria de difunto al que celebraban reteniendo pedazos del sus vestimentas o de su cuerpo como son los cabellos guardados en medallones y acompañados por fotografías del ser querido.
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Para mí, espectadora contemporánea, el mechón posee un carácter mítico y evocativo, no solo por la pertenencia personal sino también por las consecuencias que las ideas políticas de Bolívar tienen en nuestro continente y en cada latinoamericano hasta el día de hoy. Las ideas, al igual que los cabellos provienen de la cabeza. Este mechón de cabello del Libertador creció gracias a su sangre y su alimentación al igual que sus ideas. Su cabello adornó su admirada cabeza, la que seguramente tantas damas, criollas y europeas, quisieron acariciar con sus finos dedos y sólo algunas pocas con mucha suerte retuvieron en alguna noche de pasión recostada entre sus senos. Una cabeza digna de una corona de laureles en oro momposino hecha por los mejores artesanos colombianos y que hoy se encuentra en el Museo Nacional en Bogotá como legado a la nación.

Si bien las ideas de Bolívar continúan siendo discutidas e interpretadas en nuestro continente por derechas e izquierdas, pienso que cada latinoamericano residente o emigrado, continua a preguntándose por qué después de doscientos años, aún no conseguimos crear sociedades justas con gobiernos eficientes y equitativos que nos permitan progresar y tener formas de gobierno que den prioridad a sus ciudadanos. Bolívar, tristemente escribió al final de sus días, que los países de América eran ingobernables. Talvez estas palabras reflejan el cansancio en la empresa, más que la desilusión con su visión. El mechón no tiene canas a pesar de que tenia 47 años al morir, quizás sus palabras fueron una reflexión sobre su dimensión de individuo ante una lucha titánica e imposible de alcanzar en una vida.

Quizás doscientos años son pocos en la dimensión histórica de los cambios sociales y a cada uno de nosotros los ciudadanos globalizados latinoamericanos nos corresponde una tarea de re-educación en los años que nos quedan por vivir para hacer posible una revolución verdadera en nuestro continente. Una nueva revolución que como la anterior, se origine sobretodo en el examen exhaustivo de las ideas sobre lo que la justicia y la libertad representan para los seres humanos, una revolución ante todo de ideas y no de armas, ( las armas fueron el medio pero no el fin), como lo revelan con lucidez los documentos de esta exhibición.